El Hot Pot de Sichuan es menos un plato y más un ritual. Un caldero burbujeante de caldo rojo de chile se sitúa en el centro de la mesa, infusionado con docenas de especias: anís estrellado, canela, cardamomo y un océano de granos de pimienta de Sichuan. Los comensales cocinan sus propios ingredientes: finas láminas de carne de res, tripa, tofu de sangre de pato, verduras, champiñones y piel de tofu. La salsa de acompañamiento es una creación personal de aceite de sésamo, ajo, cilantro y chile picado. Es social, es ruidoso, es inolvidable.
El hot pot se originó a lo largo del río Yangtsé como una comida para los barqueros. Chengdú y Chongqing reclaman la mejor versión, generando una rivalidad amistosa que divide a los amantes de la comida sichuanesa.